El vending puede ser una herramienta clave para facilitar elecciones más saludables, pero solo si la oferta del entorno es coherente y va acompañada de educación nutricional. En esta entrevista, Inés Navarro Blanch, dietista-nutricionista y coordinadora del Colegio de Dietistas-Nutricionistas de Cataluña, CoDiNuCat, analiza cómo las máquinas expendedoras pueden contribuir a crear entornos alimentarios más saludables y útiles para el consumidor, tanto en su oferta como en la manera de escoger.

¿Qué significa comer saludable y qué criterios lo definen?

Cuando hablamos de “comer saludable”, ¿de qué estamos hablando exactamente?

La definición de “comer saludable” hace referencia a aquella alimentación suficiente, completa, equilibrada, segura y sostenible, basada en alimentos frescos, de temporada y de origen vegetal, que cubre las necesidades nutritivas sin excesos y previene enfermedades. Un ejemplo es la dieta mediterránea.

Cómo identificar alimentos saludables: criterios nutricionales clave

¿Cuáles son los criterios para comer saludable?

Los criterios clave para definirlo claramente para el consumidor son:

  • Priorizar, como base de la alimentación y en la planificación de cada comida, las frutas, las verduras y las hortalizas de proximidad y de temporada, así como las legumbres, los frutos secos y los cereales integrales.
  • Reducir al mínimo el consumo de alimentos procesados, evitar los ultraprocesados y optar preferentemente por alimentos poco o nada procesados.
  • Escoger lípidos o grasas saludables, con el aceite de oliva virgen extra como grasa de referencia.
  • Reducir el consumo de carnes rojas, carnes procesadas, azúcares añadidos, sal y grasas saturadas.
  • Hacer del agua la bebida principal.
  • Consumir productos locales y de temporada para reducir el impacto ambiental, incorporando el concepto de sostenibilidad en las decisiones alimentarias.
  • Hacer una compra sostenible y responsable, y evitar el desperdicio alimentario.
De acuerdo con esto, ¿una dieta saludable depende más de escoger productos concretos o de construir hábitos y patrones de consumo?

Hablamos siempre de alimentación saludable, ya que la palabra, o concepto de dieta, iría más enfocada a un régimen alimentario con finalidades terapéuticas. Por tanto, una alimentación saludable se define como aquella que es satisfactoria, suficiente, completa, equilibrada, armónica, segura, adaptada al comensal y al entorno, sostenible y asequible.

Cuando hablamos, sin embargo, del acto de comer, aquí sí entra también un proceso nutritivo, con connotaciones importantes de convivencia, patrón alimentario, placer, relaciones afectivas, identificación social, religiosa, donde se configura el comportamiento alimentario.

¿Cuándo un alimento deja de ser saludable y se convierte en ultraprocesado?

Entonces, ¿cuándo un producto deja de ser saludable?

Se puede considerar que un alimento deja de ser saludable, principalmente, cuando se transforma en un ultraprocesado. En este punto el alimento pierde su calidad nutricional original a causa de la adición de sustancias como azúcares, grasas de baja calidad, aditivos y sal, convirtiendo un alimento fresco en una preparación diseñada para ser muy apetecible, sabrosa, pero nutricionalmente pobre.

Y ¿qué papel juegan la ración/porción, la frecuencia de consumo y el conjunto de la dieta en la transformación de un producto a poco saludable?

El concepto ración-cantidad-calidad-frecuencia es un requisito indispensable para medir la calidad de la dieta y evaluar la ingesta dietética real. Ración, porción y frecuencia son básicos para traducir el consumo de alimentos en cantidades de nutrientes y facilitan que los investigadores puedan relacionar el conjunto de la dieta con enfermedades no transmisibles, como la diabetes, la obesidad o las enfermedades cardiovasculares.

  • Una porción: la cantidad exacta de alimento que se consume.
  • Una ración: la cantidad recomendada o estandarizada de un alimento, por ejemplo, el tamaño de la porción en una etiqueta nutricional.
  • La frecuencia: cuántas veces se consume el alimento al día, a la semana o al mes.

Todos estos conceptos se recogen en cuestionarios y encuestas dietéticas, o registros alimentarios, sobre las “cantidades de los alimentos y el tamaño de las porciones” para asegurar que los cuestionarios y la información obtenida sean precisos.

¿Puntualmente, un producto “ultraprocesado” puede encajar en una dieta saludable?

La composición nutricional y el grado de procesamiento hacen referencia a los nutrientes y al contenido nutricional que aporta un alimento, como por ejemplo proteínas, grasas, hidratos de carbono, fibra, vitaminas, minerales o cantidad de azúcar, sal y grasas saturadas.

Esta composición determina directamente el efecto de ese alimento sobre la salud de la ciudadanía. Por tanto, un ultraprocesado puede formar parte de una dieta saludable siempre que la frecuencia de consumo de estos alimentos en concreto sea ocasional, en pequeñas cantidades y dentro de un patrón de alimentación y estilo de vida equilibrado.

Cómo leer el etiquetado nutricional para escoger alimentos más saludables

¿Qué mensajes del etiquetado alimentario pueden parecer saludables sin serlo necesariamente?

Hay muchos mensajes que pueden parecer saludables, pero que son engañosos o confusos. Los más habituales, y que en general todos conocemos, son “bajo en grasa”, “light”, “sin azúcares”, “sin sal añadida”… Y esto no quiere decir que sean más saludables, ya que quizá un producto es más bajo en azúcar, pero más alto en sal o en grasas, etc.

¿Qué hay que revisar en la etiqueta de un producto para saber si es saludable?

Para tomar decisiones debidamente informadas a la hora de comprar alimentos, tenemos a disposición de la ciudadanía herramientas y elementos clave que son mucho más fiables que los mensajes publicitarios:

  1. La lista de ingredientes, la más importante, ordenada de mayor a menor cantidad, y que dice realmente qué lleva este producto:
    • Cantidad de ingredientes que encontramos, muchos o pocos ingredientes.
    • Si los conocemos, o son ingredientes que no hemos oído nunca.
    • Reconocer el primer ingrediente, que es el principal.
  2. La información de valores y composición nutricional, que informa de datos como:
    • Azúcar, sobre todo “azúcares”.
    • Grasas saturadas.
    • Sal.
    • Fibra.
  3. Sistemas de identificación de la calidad de los productos, como el Nutri-Score, sistema de identificación con escala de colores y útil también para:
    • Comparar productos similares rápidamente.
  4. Otras herramientas, como aplicaciones móviles.

Publicidad alimentaria y educación nutricional

Desde el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 se ha planteado limitar la publicidad de alimentos considerados poco saludables, especialmente en determinados entornos o franjas dirigidas a menores. ¿Cómo valoran esta medida?

La medida es positiva y necesaria porque supone una protección hacia los niños frente a la influencia de la publicidad de productos poco o nada saludables. Esta regulación refuerza un entorno alimentario más saludable, sostenible y seguro, especialmente si se acompaña de educación alimentaria y buenos hábitos.

¿Qué es más efectivo para promover una alimentación saludable: limitar la publicidad de alimentos poco saludables o fomentar la educación nutricional?

El mensaje más coherente estaría dentro de una combinación de ambas, ya que, por un lado, se trata de restringir la publicidad engañosa y, por otro, de evitar la desinformación que al final hace que el consumidor no sepa qué escoger o cuál es la mejor opción.

También hay que considerar el mensaje más educativo, que sería el de promover opciones y hábitos saludables en general.

¿Cómo influye el entorno alimentario en las decisiones de consumo?

¿Hasta qué punto el entorno alimentario condiciona las decisiones de los consumidores? ¿La disponibilidad de productos, la visibilidad o la facilidad de acceso influyen realmente en lo que acabamos consumiendo?

El entorno alimentario influye mucho en lo que comemos, qué compramos y cómo cocinamos, y a menudo más que la propia voluntad.

Muchas veces, la elección voluntaria también está condicionada en función de la disponibilidad: comes lo que tienes a mano; de la visibilidad: lo que ves te apetece; de la facilidad de compra: eliges lo que es más rápido y cómodo; y, en gran parte, también del precio y las promociones. Todo esto condiciona que muchas decisiones sean automáticas y no conscientes.

Hay que reforzar los mensajes de opciones más visibles y saludables; pequeños cambios en nuestro entorno harán que comer mejor, de proximidad y sostenible, sea más fácil.

Y ahora que ya tenemos claros, ¿cómo puede contribuir el vending a facilitar elecciones compatibles con una dieta saludable?

El vending puede ser un aliado como propuesta, que puede facilitar una dieta saludable si combina un conjunto de conceptos y medidas que ayuden al consumidor a saber y poder escoger la mejor opción:

  • Buenas opciones disponibles, saludables y sostenibles.
  • Buena visibilidad, imagen del producto, presentación, identificación clara de ingredientes, etc.
  • Formatos y precios adecuados, pequeñas cantidades, precios coherentes.
  • Información clara del producto, que no lleve a engaño comercial.
  • Surtido de productos, información nutricional, tamaño de las raciones, colocación de los productos o educación del consumidor, etc.

Un vending saludable no depende solo de un factor, sino de la combinación de la venta-surtido, información del producto, raciones de presentación, colocación estratégica de espacios y educación. El objetivo es que la opción saludable sea la más fácil, visible y atractiva para el consumidor.

El nuevo Real Decreto sobre alimentación saludable y vending

El nuevo Real Decreto establece criterios nutricionales para la restauración en determinados centros e incluye también los servicios de vending. ¿Cómo valoran esta iniciativa desde el Colegio?

En términos generales, la valoración es muy positiva, porque es una buena medida y, sobre todo, es una manera de protección a la ciudadanía. El RD puede llegar a ser un paso importante en salud pública porque:

  • Establecerá criterios nutricionales con unos mínimos y de carácter obligatorio.
  • Habrá presencia y disponibilidad de los alimentos más saludables, así como educación nutricional de la ciudadanía.
  • La limitación de productos con más presencia de azúcar, sal, grasas, etc.
  • La obligatoriedad de reducción de la presencia de ultraprocesados y con limitaciones de frecuencia de consumo.
  • Incorporación de la regulación del vending con propuestas para los usuarios de opciones saludables, información de los productos de las máquinas expendedoras.
  • Promoción de entornos que faciliten al consumidor tomar decisiones más saludables.

Desde CoDiNuCat, creemos que este RD y las medidas que comportará podrán ayudar a prevenir la obesidad y las enfermedades relacionadas con la alimentación, fomentando así hábitos saludables ya desde los más pequeños. La OMS y otros organismos destacan este tipo de políticas como muy efectivas y con un mensaje de igualdad.

Ahora bien, pese a ser positiva, podemos destacar algunos puntos que podrían ser delicados:

  • Impacto real: qué control y seguimiento se implantará.
  • Aceptación por parte de los usuarios y de la ciudadanía: ¿habrá aceptación del cambio?
  • Costes y logística de compra: ¿qué costes supondrá o puede suponer?

Hay que entender que esta medida, este RD, no lo soluciona todo. Tener adherencia a unos hábitos también depende del entorno familiar y social.

Para acabar, ¿hasta qué punto las medidas aplicadas dentro de un centro, como la regulación de la oferta en máquinas de vending, pueden contribuir a mejorar los hábitos alimentarios si en el entorno exterior, en supermercados, tiendas de conveniencia…, continúan ofreciendo opciones menos saludables con facilidad?

Las medidas dentro de un centro educativo son necesarias y útiles, pero no tendrán el impacto esperado si el entorno que lo rodea no se adapta a los nuevos cambios y propuestas siguiendo un modelo de consumo y venta más saludable.

Si la máquina expendedora ofrece fruta, yogures naturales y snacks saludables, es más probable que el consumidor acabe optando por una de las opciones propuestas, pero la influencia del marketing y la facilidad de acceso continúa presente y no debería contrarrestar los hábitos fomentados dentro del centro.

Toda propuesta de medida impuesta o voluntaria funciona mejor si la acompañamos de una educación nutricional y si hay coherencia con el entorno exterior —políticas locales, supermercados, comedores escolares, etc.—; si no se pueden mejorar temporalmente los hábitos para hacerlos sostenibles en el tiempo y a largo plazo, es mucho más difícil y complicado.